20 de junio de 2010

Y cuanto lo echo de menos...

Hace un par de días volví a verlo. Volví a sentirlo, y volví a echarlo de menos.

Han pasado alrededor de... 5 años ó 6 desde que dejé de patinar.

Empecé a hacerlo con unos 9 añitos.. en 1997. Mi primer actuación pública fue en una exhibición del Club Patín, donde yo patinaba. Hice un baile de una polca con otro grupo de chicas y chicos.

Ese mismo verano, un día me asomé a la ventana y ví que en una de las naves del polígono, estaban entrenando, asi que me acerqué. Era un nuevo club. La escuela oscences de patinaje artístico. Me apunté, simplemente por cercanía (si, mi vagueza la he tenido siempre).
Empecé a patinar, y un día me dijeron que podía pasar de grupo,  y comprarme unos patines "buenos", unos de verdad, de los que llevaban los profesionales. Botas más duras, tacones de madera, ruedas mejores, frenos que no eran de plástico... así que lo acepté, consultando con mis padres por supuesto.
Empceé a prepararme para superar los test a los que te sometes para poder acceder a las competiciones.
Aprobé mi test c a la primera, tanto la escuela, como el libre. La escuela consitia en seguir unas lineas, que forman circulos realizando ciertos giros y figuras a la vez. Ayuda a coger buenas posiciones para la hora de hacer saltos y giros cuando haces libre.

El libre consiste en bailar, meclando saltos y piruetas.

Luego llegó el test B, también lo aprobé a la primera. Esto era lo que necesitaba para presentarme a mi primer campeonato. Penoso por cierto, jaja, porque era el primero, y yo no tenía tanta experiencia como las demás, pero por lo menos, no me quede la última... sino la penúltima jajajajaja. La foto que adjunto es de mi segundo campeonato.



Aprobé el test A, pero esta vez no a la primera, mientras segúia compitiendo, y porfin terminé mis exámenes con el aprobado en el certificado. Recibi mi diploma. Ya podía competir para siempre.

Patinar a parte de esta liberación que me hacía sentir, la verdad es que me trajo amistades, que todavía duran, y buenos momentos que compartir con algunas personas...






Ponerme unos patines para mi era una liberacion. Me encantaba dejarme llevar. Sentir el aire sobre mi piel y mi pelo. E incluso me encantaba caerme...

Seguí compitiendo durante algunos años, y también hicimos una exhibición más. No era de las buenas, pero me daba igual porque yo lo que queria era ponerme los patines y desconectar. Disfrutar de lo que esa bota de cuero me trasmitía. Me encantaba. Es lo mejor que he hecho en mi vida.

Años depués conseguí una copa de segunda clasificada en Villanueva de Gallego. Y tiempo después fui la tercera clasificada del campeonato de Aragón. No era algo que me importara mucho, pero por supuestísimo que me hizo mucha ilusión ganarlo, por que yo, disfrutaba patinando.






Me volví a ir al club Patin. Volvi a hacer una exhibición, de fuego... y de arbol me toco =).










Pero ahí se acabó mi "carrera" como patinadora. Entrenando sufri una lesión que me impidió patinar. Y que a día de hoy aun no estoy tratando de curar.

No hay ni un solo momento que deje de maldecir aquella piedra que me hizo tropezar, salir volando y acabo con aquello que me hacía sentir tan bien.

No hay un solo día que no recuerde como patinar, me hacía sentir bien, me hacia sentir distinta. Me hacía sentir yo.

Patinar, me hacía sacar esa parte de mi que decia "Tú puedes hacerlo y has de tener fe en lo que tu mas creas". Tenia fe en poder patinar, esa frase me ayudo a superar obstaculos en este deporte.

Y unos años después aqui estoy, con mis patines metidos en una bolsa, todos mis maiots colgados en un armario, y viendo mil veces más, esos videos que siempre me hacen llorar.

3 de junio de 2010

Hoy, le saco la lengua al mundo

No siempre las cosas van como deberían ir, ni las cosas ocurren como deberían ocurrir. Conforme vas creciendo y el Peter Pan que llevas dentro te va abandonando poco a poco y a veces, solo te das cuentas de los problemas. Crees que hay cosas, o personas, que son imprescindibles para poder vivir y en cambio llega un día que te das cuenta que ni ese objeto es necesario para ti, ni esa persona es imprescindible en tu vida.
Llega entonces el momento de pararte a pensar. Recuerdas esa historia, ese tiempo pasado, cuánto has compartido, cuanto has vivido y cuanto te quedaban por vivir.
Es entonces cuando empiezas a culparte a ti, pensando que tú eres la culpable, que tal vez si lo hubieras hecho de otra manera todo hubiera sido distinto, pero conforme pasa el tiempo ves lo que no has visto antes, ves que eso no funcionaba y no tenía que ser así, que no ha sido tu culpa, o simplemente no toda la culpa ha sido tuya.
En ese momento, te miras al espejo y dices: “Realmente he sido gilipollas, pero por culparme a mi sin razones”. Tus pensamientos cambian, tu cara cambia, la sonrisa vuelve a salir, vuelves a ser tú, y no le das importancia a nada.
Ya no pasas por los sitios pensando si el estará, ni haces las cosas pensando que te lo encontraras. El está ahí, y tú, aquí, recuerda y aprende… que tu vida, la manejas tu…